Bueno, inauguremos mi participación con una anécdota, que, aunque no es mia, vale la pena pero.
Una tarde de invierno en la vieja Andalucía, de tenue sol en el ocaso y tristes arboles de pocas hojas, mi amigo Coco es invitado a una cena de amigos, y a la cual, por razones físicas (la ditancia ¿vite?) debe tomar un colectivo para llegar a destino. En la parada recuerda los días ya lejanos en los que él y sus amigos "pateaban" las calles de Bahía, sin mayor preocupación que las ocasionales pruebas de la escuela. Allá era todo mas dificil, hacer nuevos amigos, la barrera del idioma (que aunque sea el mismo en esencia, también pesa) y los recuerdos de experiencias pasadas.
Unos minutos, no más y el colectivo llega a la parada, y como la luciernaga del capítulo primero de Rayuela, que siente un cosquilleo de privilegio cuando se le encandila la panza, así también él sentía orgullo de subirse a aquel invento argentino, del otro lado del oceano.
Se sube, paga y al ver que un hombre le interrumpe el paso, se lleva a cabo el siguiente diálogo:
Coco: disculpe.
Coco: disculpe.
Hombre: ¿si?
Coco: ¿Podría correrse un poco para allá?
Desconcertado, mira a su alrededor sin entender las escandalosas risotadas de todo el colectivo, pero basta tan solo una fracción de segundo para que se de cuenta de lo que pasa y se largue en su mente el debate de, quedarse en el colectivo o bajarse en la siguiente parada.
La anécdota cobra sentido y adquiere la calidad de "cago de risa", cuando tenemos en cuenta la ascepción del verbo "correrse" en España, convirtiendo la frase que salió de los labios de mi amigo, en algo así como:
"¿Disculpe, podría eyacular un poco hacia aquel lado?".
Desconcertado, mira a su alrededor sin entender las escandalosas risotadas de todo el colectivo, pero basta tan solo una fracción de segundo para que se de cuenta de lo que pasa y se largue en su mente el debate de, quedarse en el colectivo o bajarse en la siguiente parada.
La anécdota cobra sentido y adquiere la calidad de "cago de risa", cuando tenemos en cuenta la ascepción del verbo "correrse" en España, convirtiendo la frase que salió de los labios de mi amigo, en algo así como:
"¿Disculpe, podría eyacular un poco hacia aquel lado?".